Para muchos de nosotros el 12 de octubre de este año será un día difícil de olvidar, porque fue el día en que un gran amigo nos dejó. Empecé a trabajar con José Luís cuando la proteómica no era aún la proteómica, cuando mirar a los geles de electroforesis bidimensional era, tal como decía Hochstrasser, como mirar a las estrellas ("It's like looking at the sky, you see the stars but you don't know which ones they are"). Pero José Luís no dejó de mirar las estrellas; por el contrario, hizo que cada vez fuésemos más los que no podíamos dejar de mirarlas.
José tenía visión, tenía tesón y sabía contagiar como nadie la ilusión por las cosas. Nos contagió a muchos la pasión por la proteómica cuando estaba de moda y cuando todavía no lo estaba también. Y así fue enganchando a ese tren cada vez a más gente, y se fue encontrando por el camino con personas maravillosas, muchos de vosotros, que seguíais el mismo camino.
Os aseguro que los comienzos fueron complicados. Pero José era muy constante, por eso no se rindió a pesar de que no tuvo las cosas fáciles. Ese era su espíritu "Coe", porque José fue un buen atleta del medio-fondo como deportista, fue un buen atleta de la proteómica como investigador y fue un gran atleta de la vida como persona. Ninguna adversidad, ni siquiera su enfermedad durante este año y medio pudo erosionar ni un ápice su ilusión, su nobleza, sus ganas de vivir. Ha sido tremendamente positivo y valiente hasta el final.
Desde aquellos inicios en la segunda mitad de los 90 hemos alcanzado logros, superado dificultades, nos hemos reído tanto, hemos compartido tantos momentos, tantas alegrías (también alguna que otra tristeza)… y no sólo a nivel profesional: os aseguro que he aprendido de José y con José mucho más que proteómica y, sobre todas las cosas me ha enseñado cómo un compañero puede convertirse en un amigo y un amigo puede convertirse en un hermano.
Estoy convencida de que a todos aquellos que le habéis conocido en mayor o menor medida, no os resultará difícil reconocerle en mis palabras. Siempre he dicho que tenía una tendencia natural a engancharse a las ilusiones. Era una persona alegre y vital a la que le gustaba la gente, era el "fan" número uno de sus amigos y sobre todo adoraba la vida. Tenía además una nobleza absolutamente inusual. Todo ello hacía de José Luís una persona dotada de un magnetismo especial. Era, como muchos de vosotros me habéis dicho, muy fácil de querer, era casi imposible no cogerle cariño, a poco que se le conociese.
Y ¿sabéis qué os digo? Será muy difícil de olvidar el 12 de Octubre de este año pero también por fortuna, durante todo el tiempo que pudimos disfrutar de su energía y su vitalidad, de su pasión por la vida, por sus amigos, por la proteómica, por la investigación, por los Macintosh, por el atletismo, por tantas y tantas cosas, José Luís nos dejó la vida tan llena de buenos recuerdos que lo que sin duda no podremos hacer jamás es olvidarle a él. ¿A que no podéis pensar en José y no esbozar una sonrisa?
Esther Mosquera |