La noticia de la muerte de José Luis me ha impactado enormemente. José Luis era una buenísima persona, a quien, como ya han dicho sus buenos amigos, era difícil no apreciar desde el primer momento. Nos visitaba frecuentemente en nuestro laboratorio, donde analizábamos por espectrometría de masas las muestras que él nos traía, y recuerdo que aprovechaba la menor ocasión para coger su coche en Santiago y plantarse en Madrid. Con José Luis no cabían desánimos ni desasosiegos, era de un optimismo incorregible y contagioso y estaba siempre maquinando nuevos experimentos e invitándonos a participar en incipientes proyectos. Uno de nuestros pioneros de la electroforesis bidimensional, de José Luis y sus mejillones eran los mejores geles que recuerdo, plagados de spots resueltos a la perfección y de un enorme tamaño, que siempre nos llamaban la atención. Pero hoy en día, que están de moda los péptidos proteotípicos y el PeptideAtlas, pocos recuerdan que de José Luis fue la primera idea de usar un péptido de la tropomiosina, que acabábamos de secuenciar, para determinar de forma absolutamente específica, frente a cualquier otra especie marina o terrestre conocida, y usando una variante de lo que ahora llamaríamos MRM, la identidad de las tres especies comerciales de mejillones más importantes de Europa.
Pero ahora no acierto a acordarme de aquellos trabajos, donde a trancas y barrancas íbamos descubriendo, con sorpresas, el potencial de la tecnología que teníamos entre manos. Sólo me vienen a la cabeza los buenos momentos pasados en su compañía, en Madrid o en Santiago. Y se me hace imposible aceptar cómo es posible que su corta y prometedora carrera, su generosa amistad y la alegría que nos ofrecía se hayan podido truncar de esta manera.
Jesús Vázquez |