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Retrasar el tratamiento reduce la eficacia de un anticuerpo experimental contra el alzhéimer

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3 August 2026

Un anticuerpo dirigido contra una proteína implicada en el alzhéimer alcanza el cerebro y reduce la patología, pero solo si el tratamiento se inicia antes de que la enfermedad esté avanzada. Si se trata más tarde, la dosis que permite ver efecto aumenta considerablemente.
El estudio pone de manifiesto dos de los principales retos para desarrollar nuevas terapias frente al alzhéimer: conseguir que los fármacos lleguen de forma eficiente al cerebro y diagnosticar la enfermedad en sus fases iniciales.
El trabajo, publicado en la revista Alzheimer's & Dementia, ha sido liderado por Paola Bovolenta.
El anticuerpo llega al cerebro, pero permanece poco tiempo. Las imágenes PET muestran cómo el anticuerpo experimental alcanza el cerebro tras la inyección y va desapareciendo con el paso de las horas. / Pablo Miaja y Marcos Martínez-Baño, CBM.

La enfermedad de Alzheimer es la principal causa de demencia y afecta a millones de personas en todo el mundo. Aunque en los últimos años se han aprobado los primeros tratamientos capaces de ralentizar su progresión, su eficacia sigue siendo limitada y depende en gran medida de que se administren antes de que el daño cerebral sea extenso.

Ahora, el grupo de Paola Bovolenta en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBM-CSIC-UAM), en colaboración con el Instituto de Salud Carlos III, ha dado un nuevo paso para comprender cómo mejorar este tipo de terapias. Su estudio demuestra que un anticuerpo experimental, capaz de bloquear una proteína relacionada con la progresión del alzhéimer, llega al cerebro tras administrarse por vía intravenosa y puede reducir la patología en modelos animales, aunque solo cuando el tratamiento comienza en fases tempranas de la enfermedad.

Una proteína que favorece la progresión de la enfermedad

En el cerebro de las personas con alzhéimer se acumulan depósitos de una proteína denominada amiloide-β, que forman placas entre las neuronas y contribuyen a la inflamación del tejido cerebral y al deterioro progresivo de la memoria y otras capacidades cognitivas.

Hace unos años, el grupo dirigido por la Dra. Paola Bovolenta descubrió que otra proteína, SFRP1, también se acumula de forma anómala durante la enfermedad y favorece tanto la formación de estas placas como la inflamación cerebral. Estudios anteriores del mismo laboratorio ya habían mostrado que bloquear esta proteína con un anticuerpo evitaba la aparición del deterioro cognitivo cuando el tratamiento se iniciaba muy pronto. El nuevo trabajo aborda una cuestión esencial para trasladar esta estrategia a la clínica: determinar si el tratamiento sigue siendo útil cuando la enfermedad ya está establecida.

El anticuerpo consigue llegar al cerebro

Para responder a esta pregunta, los investigadores siguieron el recorrido del anticuerpo por el organismo utilizando técnicas de imagen molecular. Marcaron la molécula con compuestos que permiten visualizarla mediante tomografía por emisión de positrones (PET), una técnica que muestra dónde se localiza un fármaco dentro del cuerpo.

Los resultados revelan que el anticuerpo alcanza regiones cerebrales especialmente afectadas por el alzhéimer, como el hipocampo —fundamental para la memoria— y la corteza cerebral. Sin embargo, solo una pequeña parte consigue atravesar la barrera hematoencefálica, la estructura que protege al cerebro e impide el paso de muchas sustancias presentes en la sangre. Además, el anticuerpo permanece poco tiempo en el cerebro antes de ser eliminado, aunque no produjo efectos secundarios relevantes con las dosis habituales.

El momento del tratamiento marca la diferencia

Cuando Pablo Miaja y Marcos Martínez-Baños administraron el anticuerpo a ratones cuya enfermedad ya estaba avanzada, la dosis estándar no consiguió reducir de forma significativa las placas amiloides ni la inflamación cerebral.

Solo al aumentar considerablemente la dosis observaron una disminución de las placas y del daño neuronal asociado. Sin embargo, este incremento también provocó una mayor mortalidad en los animales, cuya causa todavía no ha podido determinarse. Además, un compuesto farmacológico alternativo dirigido contra la misma proteína tampoco mostró beneficios cuando se administró en fases intermedias de la enfermedad.

Diagnóstico precoz y nuevas estrategias para llevar los fármacos al cerebro

Los resultados refuerzan la idea de que intervenir cuanto antes es clave para frenar el alzhéimer. También ponen de relieve dos obstáculos que comparten muchas de las terapias actuales dirigidas al sistema nervioso central: la dificultad para que los anticuerpos atraviesen la barrera hematoencefálica y la necesidad de identificar a los pacientes antes de que el daño cerebral sea irreversible.

Según los autores, el siguiente paso será desarrollar nuevas estrategias que permitan transportar los fármacos de forma más eficiente hasta el cerebro, por ejemplo, mediante sistemas capaces de atravesar la barrera hematoencefálica o utilizando vesículas lipídicas dirigidas específicamente al tejido nervioso. También consideran prometedora la posibilidad de combinar esta estrategia con los anticuerpos anti-amiloide ya disponibles, actuando sobre diferentes mecanismos de la enfermedad de forma simultánea.

El estudio ha sido financiado, entre otros, por el Cure Alzheimer’s Fund y la Agencia Estatal de Investigación (AEI), y ha contado con la colaboración del centro CIC biomaGUNE para los estudios de imagen molecular por PET/TAC.

 

Referencia

Miaja P*, Martinez-Baños M*, Martin-Bermejo MJ, Moreno I, Dominguez, M and Bovolenta P (2026) Pharmacodynamic and stage-dependent therapeutic efficacy of SFRP1 neutralization in a mouse model of Alzheimer’s disease.  Alzheimer’s Dement. 12:e70301. https://doi.org/10.1002/trc2.70301

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