A medida que los organismos envejecen, sus tejidos acumulan células que han dejado de dividirse de forma permanente. Se las conoce como células senescentes y, aunque inicialmente actúan como un escudo protector para evitar que las células dañadas proliferen sin control, su acumulación a largo plazo tiene un lado oscuro: está estrechamente vinculada a la inflamación crónica y a la aparición de enfermedades asociadas a la vejez, incluido el cáncer.
Un nuevo estudio liderado por Natalia Azpiazu y Ginés Morata, del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBM, CSIC-UAM), ha desvelado el mecanismo biológico que permite a estas células expandirse por los tejidos sanos. La investigación aporta claves fundamentales sobre cómo el envejecimiento celular alimenta el crecimiento de los tumores.
Una segunda oleada inducida por el entorno
Hasta ahora se sabía que las células entran en este estado de senescencia tras sufrir agresiones graves, como daños en su ADN o estrés metabólico. Sin embargo, la gran paradoja era entender cómo es posible que su número aumente tanto con la edad si, por definición, son células que ya no pueden dividirse ni multiplicarse.
Utilizando la mosca del vinagre (Drosophila melanogaster) como modelo genético —un organismo que comparte una enorme cantidad de mecanismos biológicos con los seres humanos—, el equipo del CBM ha logrado dar respuesta a esta pregunta. Al bloquear la muerte celular programada tras someter al tejido a una situación de estrés por radiación, observaron que solo una pequeña porción inicial de células, cerca del 10%, se volvía senescente. Sin embargo, con el paso de los días, esa población inicial empezó a emitir señales a su alrededor, provocando una segunda oleada de envejecimiento en las células vecinas que elevó la proporción total hasta el 24% del tejido. Este fenómeno de “efecto contagio” o reclutamiento indirecto se denomina científicamente inducción paracrina.
Hackear el sistema inmunitario para expandirse
El núcleo del descubrimiento radica en cómo se produce esta comunicación. Las células senescentes desarrollan una intensa actividad defensiva y secretora. El equipo científico identificó que estas células liberan un factor de crecimiento que actúa como un mensajero químico. Esta molécula se une a las células sanas circundantes y activa en ellas una ruta molecular completamente inesperada, ya que utiliza componentes que la mosca emplea habitualmente para defenderse de las infecciones bacterianas.
Al activar de forma anómala esta maquinaria de la inmunidad innata, las células vecinas sanas sufren una transformación radical: se hipertrofian, aumentan su tamaño, detienen por completo su ciclo de división y comienzan a generar compuestos nocivos. Es decir, se convierten a su vez en una segunda generación de células senescentes. Los investigadores comprobaron que, si se interrumpe genéticamente cualquiera de los eslabones de esta cadena inmunitaria, las células envejecidas pierden por completo su capacidad de contagiar a su entorno y su número se estanca.
El motor que impulsa el crecimiento de los tumores
El trabajo revela además que este mensajero químico juega un papel doble en el tejido. Por un lado, a través de su vía clásica o convencional, la molécula estimula la proliferación masiva de aquellas células circundantes que deciden resistirse al contagio y seguir dividiéndose. Por otro lado, mediante la vía no convencional basada en el sistema inmunológico, se multiplica el número de células senescentes.
Al unirse ambos efectos, se genera una tormenta perfecta: la población de células senescentes se expande continuamente, lo que multiplica la emisión de señales de crecimiento dirigidas a las células normales proliferativas. El resultado de esta sobreestimulación es la aparición de sobrecrecimientos de tejido masivos y desorganizados, característicos de los procesos tumorales. Cuando los científicos bloquearon experimentalmente la inducción paracrina, el número de células envejecidas remanentes fue totalmente insuficiente para poder iniciar el desarrollo del tumor.
Debido a que los componentes de estas vías moleculares están altamente conservados a lo largo de la evolución y funcionan de manera muy similar en los mamíferos, este hito científico abre una ventana de gran valor para el diseño de futuras terapias biomédicas en humanos. Entender los engranajes exactos que permiten a las células envejecidas corromper su microambiente ayudará a desarrollar estrategias capaces de frenar la acumulación celular asociada a la edad y detener la progresión de los tumores antes de que se inicien.
Referencia
Garcia-Arias JM, Ruiz-Losada M, Azpiazu N, Morata G. Dpp and immune response pathway factors mediate paracrine induction of senescent cells in Drosophila. Proc Natl Acad Sci U S A. 2026 May 19;123(20):e2602167123. doi: 10.1073/pnas.2602167123. Epub 2026 May 13. PMID: 42127107; PMCID: PMC13187785.



